María Angélica Ferrari era nieta de Carlos Raimundo Ferrari e hija de Guerino Rubén Ferrari. Sus padres se separaron pocos años después del nacimiento de su hermano Carlos. Después de haber hecho el secundario en el colegio Mosconi, en Ingeniero White, comenzó la carrera de bioquímica en la Universidad del Sur, donde militaba en la Juventud Universitaria Peronista. En febrero de 1977 fue secuestrada en su casa en White, permaneció cautiva en el centro de detención clandestino "La Escuelita" , en Bahía Blanca, durante dos meses, y finalmente, fue hallada asesinada en La Plata el 21 de abril de 1977.
Muchas veces hemos oído el testimonio de su familia materna, y hemos observado conmovidos la muñeca que se exhibe en el Museo del Puerto, pero nada sabíamos de su familia paterna.
Hace diez días, interesados en conocer más sobre su abuelo Carlos, me escribieron desde Mar del Plata, Verónica y Gustavo Ferrari, los hijos del segundo matrimonio de Guerino. Verónica y Gustavo que vivieron siempre en Lobería y en Mar del Plata con sus padres, recién supieron que tenían hermanos en Ing. White siendo ya grandes, y nunca llegaron a encontrarlos ni a conocerlos personalmente.
También se puso en contacto con nosotros Mónica Ferrari, prima hermana de María Angélica, Gustavo y Verónica. Ella sí la conoció a Angélica cuando era chica; y esto fue lo que nos contó, a mi y también a sus primos:
A mí me adoptaron en el 75, así que algo me acuerdo de ellos.
Mi papá lo sintió muchísimo, y yo también, porque ella (Angelica) era la prima mayor que me llevaba al cine, a la casa de sus amigas, a pasar el fin de semana en su casa, me peinaba, yo me ponía sus zapatos de plataforma.
Mi papá sabía en lo que estaba ella, y en la última navidad que pasamos juntos, mi papá le dijo que si quería la sacaba del país, pero ella no quiso.
Cuando la encontraron muerta, sé que fueron mi papá y Carlos a reconocerla. Cuando dijeron lo del enfrentamiento no sabía qué hacer, hablaba con todo el mundo y supo que había estado en la "Escuelita", pero no pudo hacer nada, se sentía impotente, es más, tengo un artículo donde informan del enfrentamiento.
La Nueva Provincia, 22 de abril de 1977
Sabíamos que la sacaron de la casa, a la madre le pegaron un culatazo con un fal, y conocían muy bien la casa porque fueron directo a donde ella estaba dando clases particulares.
También salió un artículo en la revista Radiolandia, en la tapa estaba la foto de ella con otra chica, pero la sacaron enseguida de circulación, los militares las levantaron a todas pero mi papá llegó a quedarse con una porque la compró en el kiosco de revistas de la estación y la dueña del kiosco dijo que un pasajero la había comprado.
Lloré mucho, nunca me dejaron verla así que siempre la soñé golpeando la puerta de mi casa y que yo le abría, porque ella iba siempre a la casa de Patricios y Viamonte.
También escuché, porque delante de mí no hablaban, que la reconocieron por el pantalón que todavía tenía la raya de la plancha marcada, y un anillo que tenía puesto, porque la cara era irreconocible.
Y a Carlos, me acuerdo que lo hicieron afeitar porque usaba barba, y eso en ese tiempo era subversivo.
El dolor más grande para mí fue la pérdida de mi prima Angélica, yo tenía 10 años y recuerdo todo. Si estaba equivocada o no, no lo sé, pero sí se que era terca, porfiada, fiel a sus convicciones.
Sus hermanos, Gustavo y Verónica en cambio, nunca pudieron conocerla personalmente. Se enteraron de manera casual, cada uno en su momento, que su padre tenía otros hijos, ya que había reserva total sobre el tema, y sólo se encontraron con su hermano Carlos Alberto el día que murió su padre, Guerino. Esto me contó Gustavo cuando le pregunté cómo habían vivido él y su padre lo ocurrido con María Angélica:
Cuando ella estaba aún secuestrada, papá viajaba continuamente a Buenos Aires para tratar de sacarla. Tocó a todos los contactos que tenía, y los que le mencionaban, pero no alcanzó.
Me acuerdo que estaba descontrolado y desconsolado, y sin la posibilidad de intervenir directamente. Iba a Bahía y no lo recibían, o directamente lo echaban. El viejo sufrió mucho y nunca tuvo la posibilidad de ver o visitar a sus hijos. Solo yo sé lo que hizo mi padre por mantener una relación con sus primeros hijos, pero no lo logró porque nadie quería.
Cuando pasó lo de María Angélica, yo también intenté por todos los medios acercarme a ellos, pero sin ningún resultado. Los chicos nunca tienen la culpa de lo que hacen los mayores, ni se los debe privar de estar con sus padres. Fue casi imposible que mi padre mantuviera un contacto con sus hijos.
*Hector Ferrari, el padre de Monica y hermano de Guerino, era personal jerárquico en Ferrocarriles Argentinos, Jefe de tráfico en la Estación Sud.



























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