domingo, 13 de febrero de 2011

Francesco Nardelli, de Sopramonte


Quienes miran a la cámara son Francesco Nardelli y su mujer, Concepción del Valle. La foto está tomada en la carnicería que tuvo por más de cuarenta años, en la equina de Rondeau y Castelli. Observen a la clienta, sorprendida por el fotógrafo, los dos serrruchos en primer plano, la jaula con pajarito detrás, el conejo colgado adelante, y la inmensa puerta lateral de madera a la izquierda. Hay detalles que no se alcanzan a distinguir: qué tiene el hombre en la mano, qué otras cosas cuelgan de los ganchos, qué más hay sobre el mostrador de mármol.

Nardelli había llegado de Sopramonte a Buenos Aires en 1902, con 13 años, había estado en Mataderos, en Puente Alsina, pero ya en 1906 estaba en Bahía Blanca, con su tíos Menestrina, y segun parece, siempre estuvo relacionado con el oficio y el negocio de la carne, primero como matarife mayorista:  carneaba y vendía carne a otras carnicerías; alquilaba al ferrocarril un campo, "La Chimenea" que quedaba en Villa Bordeu, en Don Bosco al fondo a las afueras de Bahía Blanca, y llevaban los animales al matadero municipal en una jardinera, recuerda su hijo menor.

Algunos años más tarde se ubicó como carnicero minorista.
El local de la carnicería funcionaba junto a la casa: en el corredor tenían unas argollas y ahí colgaban las medias reses durante 24 horas para que se oreen, luego las guardaban en un cuarto muy oscuro, con hielo que tenía una puerta muy gruesa (hasta que trajeron una heladera Frigidaire con puertas de madera). Cada mañana, Nardelli se levantaba a las 4.30 para descargar las reses, depostar y serruchar a mano los huesos y preparar los cortes para la venta; después ordeñaba la vaca que tenía en el patio y le llevaba la leche a la cama a los hijos. Luego llegaban los empleados que hacían el reparto, aprontaban sus bicicletas y salían con la carne acomodada en unos canastos grandes, y envuelta en un papel blanco. Regularmente preparaban factura (chorizo y embutidos) y si tenían sospecha de que alguna media res no estaba en buenas condiciones venía el veterinario Darlan y si determinaba que la carne estaba "afiebrada", entones se devolvía. Con el tiempo, incorporaron venta de verduras, pan, artículos de almacén y leche que venía embotellada -con tapas cartón primero y de aluminio luego- de la primera pasteurizadora que funcionó en Bahía Blanca, en la Coopertiva de Tamberos Bahía Blanca cuya casa central estaba en la esquina de Corrientes y Alsina*. El negocio entonces, pasó a llamarse "Mercadito del Plata". (Eso nos permite entonces pensar que la foto es anterior al año 1935, ya que con este ultimo nombre aparece mencionado el negocio de Nardelli en la Guía Comercial de La Nueva Pronvicia de ese año) .


Ninguno de los hijos de Nardelli continuó el negocio: aunque Roberto trabajó ahí un tiempo, luego pasó a la administración de catastro y murió a los sesenta años. Mario fue a la escuela industrial, trabajó en los talleres del ferrocarril y en Aguas corrientes y falleció en el año 1974; Francisco, el menor, estudió ingeniería y a esa profesión se dedica hasta ahora. De sus yernos, en cambio, Osvaldo, el marido de una de sus hijas lo ayudó y continuó durante algunos años, hasta que cerró.

Hace pocos meses, a fines de 2010, han terminado -casi- de demoler esa esquina, y el terreno ha quedado de nuevo vacío, cubierto de pasto. Sin embargo, parece que ahí funcionó el primer hospital de Bahía Blanca. Desde 1911 Nardelli alquiló ese inmenso terreno a Echave, padre de quien fuera intendente conservador en Tornquist*, ahí construyó él mismo su casa y su negocio,  ahí crió a sus hijos y recién después de 40 años compró la casa y el terreno a los sucesores de Echave. Su hijo Francisco recuerda la vida del barrio que era casi como una familia, a los clientes, que eran todos conocidos y por eso pagaban sus cuentas casi todos a fin de mes, y la casa de sus padres, siempre llena de parientes, amigos y vecinos.

Nardelli tuvo ahí su casa y su negocio hasta que murió. Un día cerró la carnicería por vacaciones, al día siguiente cenamos y se fue a dormir. Quedó dormido, de un sueño a otro.*

* Se trata del padre de Pantaleón Echave quien fue intendente de Tornquist durante los últimos años de la década del 30. Fue él quien contrató al ingeniero Francisco Salamone para la realización, en esa localidad del Plan de Obra Pública Municipal.y el diseño del palacio Municipal de Tornquist, inaugurado en 1938.

* De todos modos la distribución de leche por medio de carros lecheros -a caballo-continuó en la ciudad de Bahía Blanca hasta inicios de la década del 70.

* Estas notas fueron elaboradas en base a una entrevista realizada en noviembre de 2001 a Francisco Nardelli (hijo). Si alguno de sus sobrinos tiene más datos o conoce versiones diferentes, les voy a agradecer que me los envíen

viernes, 11 de febrero de 2011

 Francesco Nardelli
1888


Innocenzo Nardelli      +    Giulia Ravagni
29-7-1857                             21-8-1863




Giovanni Nardelli + Margherita Nardelli                            Eugenio Ravagni + Felicita Nardelli

sábado, 15 de enero de 2011

Emilia Pallaoro en la Cruz Roja durante la segunda guerra


7 de enero de 1943: en la costa de Libia, en el Mar Mediterraneo, el barco hospital Virgilio - todo pintado de blanco, con sus enormes cruces rojas, las luces encendidas durante la noche, y tripulado sólo por enfermeras voluntarias de la Cruz Roja- acaba de partir de Trípoli para llevar a Italia una gran cantidad de heridos de guerra. No se ha alejado mucho cuando choca contra una mina inglesa que inmediatamente estalla, provocando graves daños. Todos los heridos tienen que ser trasbordados a otra nave, en muy pocas horas, antes de que el fuego avance y el barco se hunda: de esa penosa y delicada tarea se encargan ellas, las enfermeras voluntarias de la Cruz Roja, las crocerossinas. Y entre ellas está Emilia Pallaoro nacida en Marter di Roncegno, en 1909.



Un legajo se revisa rápido, los nombres de los hospitales se enumeran uno tras otro, así como las fechas. Sin embargo, apenas uno se detiene a mirar con atención, puede llegar a estremecerse al pensar en qué lugares y en qué momentos estuvo Emilia trabajando como enfermera voluntaria de la Cruz Roja:

al hospital Calambrone de Livorno -donde ella permanece entre octubre de 1941 y el 10 de diciembre de 1942- llegan los heridos de los varios frentes en que Italia está comprometida, tanto en el sur de Francia, como en Albania y Grecia y en su colonia estrella, Libia, en el norte de Africa; y también las víctimas de los bombardeos que comienzan a destruir las ciudades del norte de Italia.

ese día, el 10 de diciembre Emilia parte hacia Trípoli en la nave-hospital Virgilio que ya había sido atacada varias veces por los aviones ingleses, y en la que sufre el choque con la mina, cuando regresaban, cargados de heridos hacia Italia;

llega a mitad de enero del 43 y la envían al hospital Mirano, de Venecia; pocos días después de la firma del armisticio del 8 de septiembre del 43, cuando cae el regimen fascista, Italia declara la guerra a Alemania, los nazis invaden inmediatamente el norte de Italia, más de 600.000 soldados italianos son deportados a Alemania, y se instala Mussolini en su Republica de Saló, y los partisanos jaquean constantemente a los nazifascistas, en medio de todo eso, Emilia pasa del hospital Mirano de Venecia al Hospital Germánico de Verona;

desde enero del 44,  mientras los aliados avanzan trabajosamente desde el sur ella está en el  Feldlazarett de Florencia; y cuando, en el mes de junio, los aliados llegan a Roma y se enfrentan con los alemanes a lo largo de la línea gótica, Emilia presta servicios en el Feldlazarett de Verona, hasta el 26 abril de 1945, un día después que los aliados liberan Milán, Turín y terminan con la republica de Saló. (y con Mussolini, fusilado dos días después);

diez días más tarde, Emilia ya está en Bolzano en el Centro Assistenza Rimpatriati, para asistir a los miles de soldados prisioneros, dispersos, que empezaban a volver a Italia; allí permanece hasta noviembre de 1945. Luego, y hasta mediados del 46 está en un centro de asistencia de la cruz roja de Merano.

Un año despues ella vuelve a Bolzano, ahí conoce a Virginio Zamboni, de Tione y en 1948 llega a la Argentina a encontrarse con uno de sus hermanos que había venido varios años antes a Cipoletti. Tuvieron dos hijos, vivieron en San Martín de los Andes, Junín de los Andes hasta que en los años sesenta se radicaron definitivamente en Bahía Blanca.

Qué vió, qué escuchó, qué sintió ella mientras acompañaba a tantos hombres heridos, maltrechos y destruidos por la guerra es algo de lo que ella nunca quiso hablar.

Emilia no volvió a trabajar como enfermera. Pero conservó siempre ese ojo preciso que le permitió, por ejemplo, reconocer qué enfermedad tenía un nene en Junín de los Andes, y mandarlo con el médico que pudo curarlo; y esa fuerza que es la que tienen las personas que salvan al mundo y lo sostienen.

sábado, 8 de enero de 2011

Emilia Pallaoro, a los 5 años, con los "profughi" trentinos en Checoslovaquia

Profugo en castellano es un término que tiene una connotación negativa: prófugo es un delincuente que ha logrado escapar de la justicia. En italiano, en cambio, hace referencia, entre otras acepciones, a los "refugiados". Por eso, durante la primera guerra, se hablaba de los "profughi trentini" para aludir a la población civil del Trentino que fue evacuada hacia el interior del imperio austríaco para alejarla de la zona de combate. Fueron varios miles los que tuvieron que abandonar precipitadamente sus casas en mayo de 1915, tomar los trenes -de carga- alistados apresuradamente para ese traslado masivo, y vivir durante cuatro años en lugares como Boemia, Moravia, Hungría, algunos en casas de familia, muchos más en campos de refugiados en condiciones muy precarias.

Emilia Pallaoro fue una de ellos.
(más datos y otra historia de mujeres en Praga acá)


Emilia Pallaoro nació en Marter di Roncengo en 1909, y falleció acá, en Bahía Blanca, en 1983.
También ella estuvo -junto con su madre, Orsola Montibeller, su abuela y sus tías- "refugiada", "evacuada"  entre 1915 y 1918 en Praga, en Checoslovaquia.

Se ve que, aunque había sido una experiencia de su mas tierna infancia- muchas veces hablaba de esto con Elvira Zamboni, su hija. Estas cosas le contaba:

Que el tren en el que los llevaban desde Pergine se incendió durante la noche, tuvieron que cambiarse de vagón y casi milagrosamente se salvaron.

Que al poco tiempo de estar allá, en Checoslovaquia, su madre, Orsola Montibeller, falleció a causa de una peste y que por eso es que no está en el cementerio de Marter de Roncegno.
(ahora descubro, perpleja por la casualidad, que la mayor parte de las fotos de la página a las que remite este link, corresponden a personas de apellido Montibeller)

Que al perder a su madre, fue a vivir con sus tías y su abuela y que empezó a ir a la escuela; el padre estaba en el frente.

Y que como estaban en una situación de mucha pobreza, cuando estaba por tomar la primera comunión, la abuela le hizo un vestido precioso con un trozo de tela que pudo conseguir canjeando buena parte de las provisiones que recibían.

De esta experiencia nos habló Elvira las dos veces que fuimos a verla, una en enero de 2002 y la ultima, hace poco, en diciembre de 2010:

Elvira Zamboni, religiosa de María Auxiliadora, diciembre de 2010

La mayor parte de los hombres adultos estaban en la guerra. Por eso, aunque se habla siempre en plural de "profughi", sabemos que fueron mujeres la mayor parte de las personas que vivieron esa experiencia.
Luciana Palla, Scritture di donne. La memoria delle profughe trentine nella Prima Guerra Mondiale, Relazione presentata alla giornata internazionale di studi, tenutasi all’Università di Venezia il 31 ottobre 2003, dal titolo: Grande guerra e popolazione civile. Repressione, violenze, deportati, profughi.

Emilia fue enfermera y durante la segunda guerra fue voluntaria de la Cruz Roja Italiana, estuvo en campos de batalla y hospitales de guerra, también ahí salvó su vida (y la de muchos heridos) en un barco-hospital torpedeado y recibió por esto un solemne encomio del gobierno. Pero todo esto viene en la próxima entrada.

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Feliz Año Nuevo - 1928 -



[Poia, 1928]
Carissimi figli
cometterei un grandissimo errore lasiar passare questi giorni senza inviarvi i miei più sentiti e sinceri auguri.
Buon hanno miei cari, sperando che l'aurora nuova vi porta mile benedizioni e di allegrie infinite.
Sto bene sperando anche di voi su di core vi desidero. Vi saluto caramente, vostra madre
Maria Ferrari.
Vi rincrazio tanto dei vostri auguri.
Saluti a tutti di famiglia.

Queridísimos hijos
cometería un grandísimo error si dejara pasar estos días sin enviarles mis más sentidos y sinceros augurios. Queridos míos, buen año, esperando que la aurora nueva les traiga miles de bendiciones e alegrías infinitas. Estoy bien, y espero que ustedes también, de corazón les deseo.
Los saludo con tanto cariño, vuestra madre,
María Ferrari.
Les agradezco tanto sus augurios. Saludos a toda la familia.


Tarjeta recibida en Bahía Blanca por Camilo Ferrari y Emma Battaia a fines de 1928.
María era la segunda mujer de Aniceto Ferrari y fue quien le prestó a Camilo el dinero para su viaje a la Argentina en 1924.
Aniceto murió pronto.
Ella nunca tuvo hijos.


lunes, 20 de diciembre de 2010

La casa de Marter, al volver de Praga


- ¿Cómo era tu casa en Marter?

- ¿Mi casa? Una casa de altos, hay de dos pisos, hay de más, la mía era de dos,abajo era como quien dice, establo,como un depósito, y arriba la familia; todavía nació mi abuelo ahí, así que se puede imaginar, pero de cuatro aguas; grande, fue estropeada durante la guerra, bastante.

- Tenía cuatro, por ahí,cuatro años
- ¿Durante la guerra?
- Durante la guerra, en Checoslovaquia, cerca de Praga. El gobierno pasaba una subvención
- El gobierno austríaco debía ser ese...

- Y aquí, cuando volvieron?
- Un desastre, un desastre, bombardedada, el techo medio roto; pero el gobierno también se encargo de poner la ventana... el gobierno italiano, eh.

Que las casas de esos pueblos del Trentino, y en particular en la Valsugana eran, a principios de siglo XX, tal como describe Fortunata la suya, es algo que más o menos sabemos; es más, podríamos reconocer en esa, básicamente, la casa de muchos de nuestros parientes trentinos. Pero, ¿cómo es eso que fueron a parar cerca de Praga, durante la primera guerra? ¿Qué fue de Fortunata y su familia durante esos cuatro años como "profugos"? y ¿Por qué, si ellos no estaban ahí, sus casas fueron destruidas con tanta saña?

Veamos.

El Trentino, desde 1815 formaba parte del imperio austríaco. Cuando Italia declara la guerra a los Imperios Centrales, en mayo de 1915, se especula que la zona de la Valsugana se va convertir en "zona de guerra". Las autoridades imperiales inician entonces la evacuación de la población civil de varios pueblos de la Valsugana hacia el interior del imperio. Miles de trentinos Flüchtlinge, "prófugos" como los denominan en ese momento son llevados en trenes oficiales hacia las regiones de Bohemia, Moravia, Austria, y Hungría.

Sobre la estadía en Praga, Fortunata cuenta -fuera de cámara-:
Vivíamos en Praga con mi hermana mayor, mi hermano y mi mama; cada familia tenía su destino, entre 1915 y 1918; tenía dos cuando nos fuimos, seis cuando volvimos; el papa se había venido a la Argentina y nunca mas hubo noticias de él; la mamá Clementina, tuvo que apechugar con todo, con los suegros, que eran viejitos, mi abuela, y una hermana que falleció durante la guerra, en Praga, en un hospital en Praga, -que es la madre de la que está en Rio Negro; y de comida? papas, pasaban la subvención, pero...

Y ¿qué paso, entonces con las casas?
Algunos pueblitos de la Valsugana occidental-ya completamente evacuados- quedan a disposición de las fuerzas austríacas; a los de la Valsugana oriental llegan soldados del ejército italiano; y en el medio quedan Marter y Roncegno, abandonados ya por las fuerzas austríacas, pero aún no ocupados por los italianos. Hasta ahí llegan patrullas de inspección imperial, hasta ahí llegan patrullas de exploración del ejército italiano. Tierra de nadie, los dos pueblos y sus comunidades son un obstáculo tanto para los italianos (que se niegan a disparar contra población civil, aunque sospechan -con razón- que esas casas son usadas por los enemigos para esconderse y tender emboscadas), como para los austríacos (que no pueden defenderlos, pero tampoco quieren abandonarlos porque temen dejar todas esas casas intactas a disposición de futuros ocupantes).

Por eso la medida drástica: la poca población civil que queda es obligada a marcharse, y el 31 de agosto de 1915 los austríacos inician el bombardeo sobre Marter y Roncegno con "proyectiles líquidos especiales", que provocan inmediatamente un pavoroso incendio: 46 casas quedan completamente destruidas en esos días, y el espléndido centro termal de Roncegno, reducido a un montón de ruinas y escombros ennegrecidos por el fuego. Desde ese día, Marter y Roncegno, totalmente despobladas, son refugio, botín, escondrijo de todos. Al final de la guerra unas 300 casas quedan totalmente destruidas.

Cuando los "profugos" regresan a sus casas, en 1918, no encuentran ahí, más que ruinas.

También Emilia Pallaoro y su familia, de Marter, fueron "internados", y vivieron en Praga durante la primera guerra. (ya contaremos sobre ella). De Roncegno Terme vinieron  Germano y Bruno De Bortoli.

Estas notas sobre la historia de Marter y Roncegno durante la primera guerra están tomadas de acá, y del libro Gli ultimi duecento anni, Collana di Monografie "La Patria d'origine", PAT, 1994, p 110-118.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Las tres estrellas



Si los trentinos de Bahía Blanca se juntaron en el Círculo, en 1989 y lo siguieron haciendo durante estos veinte años, atravesando entusiasmo, crisis, problemas, fallecimientos, crecimientos, emprendimientos y fiestas varias, es gracias a estas dos señoras: Marta García, la esposa de Francisco Nardelli (padre) y Sara Dolly Díaz, la viuda del tan lamentado Mario Grosselli.
Sara y Mario hicieron un minucioso trabajo de visitas, llamados telefónicos, invitaciones, contactando gente que no se conocía entre sí, haciendo que algunos se enteren del origen de sus familias, y generando un fuerte vínculo de afecto y simpatía entre todos.
Durante años en la casa de Marta nos reunimos para nuestras clases de italiano, comimos tantas de sus tortas espectaculares, y nos hicimos amigas entrañables (porque digamos la verdad, fuimos nosotras, las mujeres, las que mantuvimos durante mucho tiempo la regularidad de los encuentros y el contacto); y luego cuando el círculo tomó nuevos bríos, fue en su casa que se desarrollaron, muchísimas veces, tantas reuniones fundamentales, y ella recibiéndonos y agasajándonos a todos, con su generosa hospitalidad.
 

Lo que somos no lo llevamos en la sangre sino en las experiencias y en la historia compartida.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Jorge Steck, herrero

Foto: Ferrowhite - Archivo De Simón



Esta foto es de 1954, está tomada en el Club Ferroviario y están allí reunidos jefes, personal administrativo y capataces de los Talleres ferroviarios Bahía Blanca Noroeste. En el centro de la imagen y de camisa oscura está sentado Jorge Steck.
Jorge nació el 10 de marzo de 1904 en Romagnano; pero lo encontramos ya con 19 años desempeñándose (por tres meses) como herrero de talleres Noroeste. En enero del 24 sale, pero vuelve a reincorporarse al ferrocarril en 1929, y llega a encargado de la sección herrería en 1946 y finalmente a capataz, en 1952, puesto que ocupa hasta su jubilación en 1955. Como herrero (y antifascista) aparece fichado también en los registros del Casellario Politico Centrale.

¿Dónde vivió en Bahía Blanca? ¿Cuándo falleció? Estos datos sería muy bueno encontrarlos.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Delizia del mio cuor

Fortunata recuerda uno de los cuentos que le contaba su abuelo:


Mientras arreglaba un zapato, ponía la tapa de un... así, entonces yo me ponía al lado y le decía: "haceme un cuento", entonces me hacía un cuento, por ejemplo de un vagabundo que caminaba con la .. el saco arriba de la espalda, la giubba sulle spalle, si sta bene quando ... ben, la delizia del mio cuore. Resulta que era un piojoso, cuando le picaba hacía así, y él decía, la delicia de mi corazón...
Me contaba, mi abuelo, y como ese, tantos...

En las palabras de Fortunata, se podrían rastrear las huellas de un relato: un vagabundo,  la giubba sulle spalle. (aunque ella, en rigor, lo pronuncia giuba sule spale), la frase de una canción muy conocida, delizia del mio cuore*; palabras, esas, pronunciadas por la persona inadecuada, y en la situación inadecuada.

Ella, a sus 97 años, se ríe de nuevo, junto al banco de trabajo de su abuelo, como si fuera una nena.



* a quindici anni facevo all'amore
daghela avanti un passo
delizia del mio cuor
a sedici anni mi sono sposata
daghela avanti un passo
delizia del mio cuor
a diciasette mi sono spartita
daghela avanti un passo
delizia del mio cuor

La canción es La Bella Gigogin (que se puede oir acá) que, a pesar de lo que aparenta la letra,  fue una canción emblema en las guerras del Risorgimento contra los austríacos (exégesis que se puede leer acá).
¿Será esta la canción que aflora en el recuerdo de Fortunata? (la frase aparece también en una oración por las almas del Purgatorio, y en otra para rogar por la castidad de los sacerdotes... mmm....)

viernes, 29 de octubre de 2010

Seda

Fortunata Bazzanella (Marter de Roncegno, 1913), cuenta cómo era el trabajo de cría del gusano de seda, tarea a la que se dedicaba su familia hasta que ella vino a la Argentina, en 1928:



Es un bichito chiquito como una hormiga; después se pone grande, mucho mas que un dedo; a los treinta días busca de subir, de treparse, entonces, se le pone una rama especial, y sube, y se hace, y trabaja, trabaja, hasta que se hace el bozzolo, pura seda, pura, esa es la verdadera seda natural. A los 30 días hay que sacar el bozzolo, y eso vienen ya, estan los compradores; eso va al horno, porque tiene que morir el bicho, queda adentro, el que trabajaba grande, queda chiquito y queda adentro en el bozzolo, entonces, va, lo ponen en un horno especial, un horno grandísimo, y le dan las calorías, que se muere. Y después va en la fábrica, tienen que hilar eso, todo, eso va a la ciudad grande.

Uno podría preguntarse: ¿en cuántos pueblos del Trentino se criaba el gusano de seda? ¿Qué margen de ganancias dejaba semejante trabajo? ¿Por qué esa especie de parrilla donde engordaban los gusanos ocupaba un lugar privilegiado sobre el establo? ¿Cuáles serían esas "ciudades grandes" donde se hilaba la seda? ¿Habrá sido en más de una oportunidad una peste en los árboles de morera, o alguna una enfermedad entre los gusanos de seda lo que llevó a mucha gente, empobrecida, a emigrar y venir a América? Lo que sí sabemos es que de eso vivieron muchos pueblos de montaña (y no solamente en el Trentino) hasta antes de la segunda guerra, hasta que llegaron la seda china y la fibra sintética.

Una cosa es segura: probablemente muy pocas de las que hacían ese trabajo de acomodar los gusanos, separarlos, alimentarlos con las hojas de morera, llevarlos al bosque, recoger los capullos, y a veces, incluso, hilarlos a mano, hayan usado ropa, pañuelos o medias de seda.

El de la seda, y los gusanos, y las moreras y los capullos es un recuerdo de mujeres.

El árbol de la morera, il gelso; el gusano de seda, il baco; el capullo, il bozzolo´.

¿Alguien se habrá traído desde allá algunos gusanos y gajos del árbol de morera y trató de hacer hilo de seda, acá, en este lugar?

Una novela de Alessandro Baricco, Seta, 1996.

domingo, 3 de octubre de 2010

Nicolussis - CEMLA


Zuccher d'orz en Poia, caramelos en la Plaza Rivadavia


1931 - Ya se iba Abramo de Poia para venir a la Argentina, el padre lo acompañaba de a pie hasta Trento; Rosina su hermana, lo alcanza corriendo y le dice: "Abramo te olvidaste esto", y le da una bolsita con zuccher d’orz, unos caramelitos de azucar quemada. Y listo. Ni chau, ni besos, ni abrazos.
Como el padre, en la estación de trenes de Trento, igual, le da la mano, Bueno, chau.

Abramo Battaia, en la plaza Rivadavia,
junto a la fuente de los ingleses
1931
 
Cuatro o cinco días después de haber llegado a Bahía Blanca, fueron con Ema a una mueblería en la calle O’Higgins, cerca de una ferretería, y allí compraron el canasto. En casa Muñiz, compraron caramelos y algunas otras chucherías.

Pocos día después de haber empezado como vendedor ambulante de golosinas, un inspector lo paró y le exigió, si quería seguir vendiendo así, por la calle, que use una especie de casaca, o chaleco a rayas, que pague el impuesto a la Municipalidad  - que era, de todas maneras, unas pocas monedas- , y que saque la libreta sanitaria.

Vendía caramelos en la plaza, por la calles. Siempre a pie, con la canasta, iba a White, cuando había mucho moviemiento en el puerto, otro día al Parque de Mayo, o al Parque Independencia. Se vendía bastante también cuando había procesiones, o desfiles militares, o a la salida de los colegios.

Claro, no vendía solamente caramelos. También llevaba en la canasta unos pancitos calientes que compraba en una panadería, envueltos en un papel que era como una servilleta. Entonces, cuando era la hora del recreo en el Colegio Nacional los chicos se acercaban a la puerta que daba a la calle, y por entre las rejas les pasaba los panes, los caramelos o lo que fuera. Tenía que estar desde temprano, ahí esperando, porque eran varios los vendedores de golosinas ambulantes que querían ocupar arrimarse a la puerta. Era un momento de mucha confusión, todos gritaban, apretaban, empujaban. Una de las primeras veces que estaba ahí, esperando, alguien que pasaba por la calle lo llamó, para pedirle algo. Y ahí, donde se descuidó, y otro vendedor le ganó de mano y se metió al lado de la puerta.

Desde ese día, Abramo trataba siempre de llegar bien temprano a la puerta del Colegio.

Abramo en la plaza Rivadavia con su canasto, 1931

domingo, 26 de septiembre de 2010

Marcelo, recién llegado a Bahía Blanca, va al al cine y a la playa (1955)

Maldonado, 1940
Foto: Archivo Ferrowhite

Marcello Nicolussi nacido en Pergine en 1939 llega a Bahía Blanca junto a sus padres y sus hermanos en enero de 1955. Tiene 16 años, quiere ir al cine, a la playa, y esto es lo que le pasa:

Yo pensaba que América era todo.. como si fuera Nueva York, cuando bajé acá, viste, y vi toda esa suciedad en las calles, me dio una imagen muy fea, y entonces, yo me voy, me voy a italia. Y después, cuando vine a Bahía, en aquel entonces Bahía no era como ahora, todo de madera, tierra, un viento, te llenabas de polvllo, te imaginas, yo en la montaña, todo verde, que no hay practicamente nunca viento, en verano hace un calor relativo, aca en Bahía, en enero, un calor de día, de noche..
La gente aca era bastante..., me acuerdo que yo iba por la calle O'Higgins, todos los tipos parados en la vereda, todos vestidos de negro, camisa blanca, corbata, pañuelo, zapatos negros, medias blancas y nosotros en mocasines, camisas medio llamativas, floreadas, vestidos de otra manera. Yo me acuerdo la primera vez que fui al cine en el centro, al poco tiempo de estar aca, en enero del 55, en pleno verano, te imaginás, ¡un calor! fui para entrar al cine y dice uno:
- ¿a dónde va?
- al cine, voy.
- No, así no podés entrar.
- ¿Por qué?
- tenés que ponerte saco y corbata.

Y la primera vez que fui a la playa acá, al balneario Colón, había traido una malla, yo, de Italia, se ve que era chiquita, entonces voy para bañarme, estaba el milico ahí, y me dice que la malla esa no se podía, no estaba permitida.

De cómo andabas vestido la gente ya sabía: este es argentino, este no.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Franca Bonvecchio


Esta señora es Franca Bonvecchio, nacida en Trento en 1926. A los dos años llegó a la Argentina con su mamá, ERMINIA CONCI para reencontrarse con su padre Enrique Bonvecchio, quien estaba acá trabajando en la construcción de puentes y caminos desde hacía un año. Vivieron en Buenos Aires y luego se mudaron a Mendoza, donde nació su hermana Mirta, y ella empezó la escuela. En 1933 tal vez porque los efectos de la crisis hacía prever un futuro no tan bueno como el esperado, Franca su mamá y su hermana volvieron a Trento, con la idea de quedarse defininitivamente.



Erminia Conci, las pequeñas Franca y Mirta, con sus familiares en Trento, 1934

Sin embargo, en 1935, ante la inminencia de la guerra de Abisinia el papá las volvió a llamar, y ellas volvieron a Mendoza.
A los veinte años, cuando Franca se casó con Horacio Iturrios vino a vivir a Bahía Blanca. Acá tuvo dos hijas, Franca y Flavia y las dos se han dedicado toda su vida a la danza clásica.

Franca participó activamente en el Círculo Trentino desde su fundación. Lamentablemente, falleció hace dos años. La extrañamos mucho.


domingo, 12 de septiembre de 2010

Julio Grosselli


Foto: Sandra Rosetti - marzo de 2002


Todos lo hemos llamado siempre Julio, porque todos, al llegar acá tuvieron que hacerse llamar por sus nombres en castellano.*
Giulio Grosselli nació en Lasino en 1925, y a los 23 años, después de haber estado prisionero de los alemanes dos años durante la guerra, vino a Bahía Blanca, a casa de su madrina  Giuseppina Gianordoli. Fue a la escuela fábrica, hizo pozos ciegos con Bruno Dal Ponte, changas de electricidad, y otros trabajos con su hermano Mario, hasta que consiguió trabajo en Deba (Dirección de Electricidad de la Provincia de Buenos Aires)
Se jubiló en 1984 después de una exitosa carrera en esa empresa.
Según nos contó, mucho antes de que él naciera, su padre había estado trabajando un tiempo en la Argentina con otros parientes y por eso, dice Julio, tiene familiares en Sampacho, Córdoba.
Fue en su casa que se hizo la reunión constitutiva del Círculo Trentino y él fue también y durante varios años, el primer presidente de la comisión.
Siempre está dispuesto a responder a nuestras dudas trentinas, y se divierte a veces recitando el famoso trabalenguas:

Trenta tre trentini, entrarono a Trento tutti e trentatre troterellando
 

* Es un dilema ahora, ¿cómo contamos estas historias?, ¿con los nombres en italiano, como figuran en sus documentos? ¿o con los nombres en castellano, como todos los conocemos acá?

lunes, 6 de septiembre de 2010

Un alambique en Villa Harding Green


El "tanque elevado" en Villa Harding Green, construido en 1912
como parte de las obras de infraestructura de la villa construida para
los obreros del Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico.
(Foto: Héctor Guerreiro)

Parece que Bortolo Serafini, nacido en Villa Banale en 1872, alquilaba una chacra en Villa Harding Green, en las afueras de Bahía. Tenía un criadero de chanchos ahí, así que todos los días con su jardinera, sus caballos y su sobrino Palmo se iban a Espora a juntar residuos, sobras de comida, en tachos de doscientos litros y los desparramaban después en los chiqueros.

Parece que Bortolo Serafini y su sobrino tenían mucho trato con Cornelio Ferrari y su familia, así que cuando se reunían hablaban en dialecto, y se reunían y cantaban y Palmo, el sobrino, tenía una voz de baritono, increíble, y en esas noches tranquilas de verano de Bahía Blanca se ponian ahí, el hacia la parte del solista y todos los demas lo acompañaban con el coro, Quel mazzolin di fiori, La violetta, tantas de esas canciones.

Y parece también que en uno de sus galponcitos, Bortolo tenía un magnífico alambique con el que fabricaba la grappa que luego regalaba a sus paesani. Hasta que un buen día le cayeron de la oficina de Impuestos Internos.

Nueve meses estuvo preso, Bortolo, y eso fue en los años 40 asi que ya tendría por lo menos sesenta años, el hombre.

(esta historia me la contó Duilio, el ahijado de Serafini)

domingo, 5 de septiembre de 2010

Albina Baroldi


De sus 6 hermanos, Albina fue la única que vino a Bahía Blanca, en 1928, casada con Cornelio Ferrari.
Carlo, su hermano mayor, en cambio, en 1899 se fue a Estados Unidos y estuvo trabajando un tiempo en las minas de carbón. De ahí se fue a California y como le empezó a ir bien, un año después mandó dinero para que fuera allá la hermana mayor, Teresa. Ella desembarcó en Nueva York y tardó un mes para llegar a California: eso fue en 1901. Después ese hermano mayor empezó a llamar a los otos hermanos para que fueran también ellos a los Estados Unidos. Murieron todos muy longevos con edades cercanas a los cien años. 

Albina, aunque vivió siempre en Bahía Blanca con su familia, tuvo la posibilidad de volver a verlos ya que viajó a Estados Unidos dos veces, y su hermana Teresa estuvo también acá de visita, en Bahía Blanca.

Solo una hermana de Albina quedó en Lomaso: la madre de Bruno y Carlo Dal Ponte. Esos sobrinos  se radicaron en Bahía Bruno en 1947 y Carlo, en 1957.

Albina y Cornelio tuvieron tres hijos: Angelo, Duilio y Livio.
Ella falleció en 1975, a los 77 años.

Donne e buoi...

Camillo Ferrari, tres años después de haber llegado, llamó a su novia Emma Battaia, también de Poia, con quien se casó, acá en Bahía Blanca en 1928


Cornelio vino ya casado con Albina Baroldi, de Poia también ella, y su hijo, Angelo Ferrari, en 1928

y el hermano mayor, Agostino, llegó también casado con Giuseppina Gianordoli, de Lasino.


Donne e buoi, dei paesi tuoi, decía el refrán que estos hermanos hicieron propio: mujeres y bueyes, de tu propio pueblo.

Mujeres y bueyes. 
Igual, acá bueyes no necesitaban.

Y ellas?, siempre habia que seguir al marido, a donde fuera.

Palmo Serafini


viernes, 3 de septiembre de 2010

Nicolussis


¿Y quién fue el contacto que tuvieron ustedes para venir a Bahía Blanca?, le pregunté una vez a Marcelo Nicolussi, ¿tenían algún pariente?

No, Rino mi hermano más grande, que nació en el 19, antes que empezara la guerra, en el 40,  pasó por acá en un buque, como cadete de marina, que atracó unos pocos días en la Base Naval de Puerto Belgrano.

Algunos italianos que estaban acá se enteraron y fueron a la Base, a ver de qué lugar eran los marineros; y había uno acá en Bahia que se llamaba Laner, que era constructor; y preguntó si había algun chico de la zona de Trento; mi hermano dijo "yo soy de Pergine"; "yo soy de Caldonazzo", dijo Laner.

Conversaron un rato y entonces le dijo a mi hermano: "si algun dia la cosa en Italia se pone fea, y quieren venirse a Bahia, yo te hago llamar". Ese fue el contacto que tuvo mi hermano acá.


Rino vino, efectivamente, siete años más tarde, con su esposa y su hijo pequeño Franco. Y en 1953, vinieron todos: los padres, Romedio Nicolussi y Concetta Sain, y sus hijos Ivo, Marcello y Carmen. La mujer de Ivo, Assunta Fruet, los alcanzó un año más tarde.

Cuando llegaron a Bahía,  Romedio tenía ya 67 años; Concetta, 55. Y sus hijos menores, Marcello 17 y Carmen 14.

Una vez Carmen dijo: "Yo no vine; a mí me trajeron".

Notas:
De ese constructor las únicas noticias que encontré hasta ahora son estas:
E Laner, Fitz Roy 508  en la Guia FCS,  del año 1936.
Una casa en la calle Patricios 425 lleva escrito ese nombre.

Ya hablaremos de cada uno de ellos.

sábado, 28 de agosto de 2010

Teresa Laner - Nati in Trentino


Scalpellino

Querido padre:

espero que estén bien. Yo también estoy de buena salud. El motivo por el que durante estos dos años no pude escribir es que me lastimé el brazo derecho. Escribir bien no podía, escribir mal no quería.

"Algo así decía la primera carta que el hermano de Erina Baroldi escribió a sus padre en Poia. Nunca más volvió a dar noticias. Este hombre vivía en Tandil, y se había lastimado el brazo porque trabajaba en las canteras de granito, fabricando adoquines.

Viste como hacían los adoquines, y ganaban una miseria, como todos nosotros, los que no teníamos cerebro. Imagináte, cincel y martillo, cada vez mas finito hasta que queda la forma del adoquín, y hay que hacerlos todos iguales, parejitos. No sé si a veces no corta un poco, la piedra bruta, tallada así. Como los adoquines chiquitos de la vereda del Teatro Municipal o la escalinata del correo. Vos sabés qué trabajo. Es que esa es la piedra más dura que existe. Fijate que pasaban por encima las ruedas macizas de los camiones de Salvadori, y no se hundían. Hasta a Europa llevaban esos adoquines. Imagináte.
Usaban el escalpelo, el cortafierro para el adoquín.

Igual que el padre, en Poia. Hizo el dintel de la puerta de la casa, todo en piedra, y el Ponte dei Servi, sobre el río, con unos leones tallados."